OBSERVACIONES FINALES DEL PRESIDENTE JULIUS HOLLIS EN LA CUMBRE DE ADE SOBRE EL EMPODERAMIENTO DIGITAL DE LA BANDA ANCHA EN NEWARK
Dirigida al alcalde Booker, al Comisionado de la FCC, el señor Clyburn, y al apreciado Marc Morial.
A nuestros distinguidos invitados, reunidos en el campo universitario del New Jersey Institute of Technology, como también a la audiencia global que nos está viendo, incluyendo a los 1,000 líderes comunitarios, que forman parte de los Digital Empowerment Councils de ADE en todo el país.
En nombre de la junta directiva de ADE, quisiera extender nuestro agradecimiento por acompañarnos en este día.
Hemos venido a la ciudad de Newark fortalecidos por nuestra creencia básica en las promesas y posibilidades del Empoderamiento Digital (Digital Empowerment), después de tres años de exhaustiva investigación y apoyo digital desde el nivel básico, teniendo ahora la certeza de que una “nueva moneda” ha surgido en nuestra sociedad.
Esta “nueva moneda” ha sido firmemente afianzada en cada aspecto de la red económica de los Estados Unidos y cambiará para siempre los patrones de consumo de los consumidores, al igual que los canales de distribución que entregan servicios vitales como los de los sectores bancario, salud, educación, energía, entretenimiento, legal, medios de comunicación y seguridad pública a vecindarios estadounidenses, por su disponibilidad tanto de la banda ancha de Internet de alta velocidad como de la red inalámbrica.
Pocas veces en la historia de nuestra democracia, tal vez con la excepción de la Revolución Industrial en el siglo XIX, hemos presenciado un fenómeno socio-económico de esta magnitud, el cual posee una habilidad más rápida, innovadora e integral para mejorar la calidad de vida de millones de estadounidenses, además del potencial para rectificar las grandes desigualdades económicas que existen entre comunidades de color y sus homólogos ubicados en comunidades estadounidenses más opulentas.
Esta revolución digital está enseñando a las comunidades de color, latina, blanca, los afluentes, los obreros, los trabajadores de bajos recursos, los jóvenes, los ancianos, incluso a los incansables, nuevas maneras de relacionarse entre ellos. También está forzando a las empresas a reconsiderar las formas en las que buscan y llaman la atención de sus clientes.
Esta revolución digital también proporcionará a las comunidades y municipalidades rurales, las herramientas tecnológicas necesarias para reajustar las habilidades laborales de tanto los desempleados como de los subempleados, para iniciar programas sostenibles de reactivación económica.
Esta era informática también forzará a los proveedores tecnológicos corporativos multinacionales, a replantear sus respectivos modelos de negocios y cadenas de suministros, para doblar, triplicar, o cuadriplicar sus contratos de suministros con empresas pequeñas, ubicadas en comunidades no atendidas, para garantizarles oportunidades contractuales significativas en la planeación y revisión de una propuesta de $350 mil millones de una red nacional de banda ancha, necesaria para completar la transformación total de los Estados Unidos a una economía con base digital.
Tan fascinantes como son las promesas de esta revolución digital, las ramificaciones sociales nunca han sido tan fundamentales para nuestra sociedad como lo son hoy en día dentro del contexto del ambiente actual, tanto de la polarización política como del alto desempleo que ahora envuelve a nuestro país.
“Este presidente” heredó, sin culpa alguna, una economía que estaba experimentando la peor crisis económica desde la Gran Depresión. A pesar del aumento de 162,000 de estadounidenses que han conseguido empleo en el mes de marzo, el índice de desempleo del país sigue siendo alto, el 9.7% y en comunidades de color, el índice se ubica ligeramente arriba del 15%, de acuerdo con la Equality Index del 2010, publicada por el National Urban League. Por el contrario, algunos sectores de comunidades urbanas y rurales estadounidenses todavía están enfrentando desigualdades económicas, después de 42 años del asesinato del Dr. Martin Luther King Jr.
Actualmente, jóvenes afroamericanos y hombres latinos, entre 18 y 30 años, tienen una probabilidad superior al 32% de ser encarcelados que de conseguir empleos significativos. La semana pasada, el PEW Institute publicó un informe que revelaba que un cuarto de los 15 millones de desempleados en el país han permanecido desempleados durante un año o más, e igualmente alarmante, el 21% de los estadounidenses desempleados que tienen un título universitario, han permanecido sin empleo por un año o más.
El plan nacional de la banda ancha, publicado a finales de febrero por la FCC, proporciona un esquema sólido para asegurar el acceso al Internet a nivel nacional, lo cual es esencial para la prosperidad económica del país, ahora y en el futuro. Sin embargo, obtener acceso universal a la banda ancha costará dinero. Para poder financiar la infraestructura de $350 mil millones necesaria para ofrecer acceso a la banda ancha a más de cien mil millones de estadounidenses, quienes todavía ignoran los beneficios de esta “revolución digital”, la inversión privada es absolutamente necesaria y debe ser fomentada. Desafortunadamente, en el siglo XXI, podemos seguir marginalizando económicamente a las comunidades no atendidas.
Creemos que un esquema ecuánime de regulación (NO) debe reprimir la innovación, lo que ha sido distintivo de la Internet, sino que debe trabajar de la mano con una extensa inversión privada para crear el ambiente económico necesario que acelere la amplia creación de empleos. El acceso asequible a la banda ancha es el primer paso para reubicar a los desempleados y subempleados.
Hace casi 50 años, nuestra sociedad buscaba alcanzar un sentido de justicia e igualdad para todos los estadounidenses para solucionar, en ese entonces, algunos de los problemas sociales más urgentes. Sin embargo, los importantes logros socio-económicos que se lograron durante la era de los Derechos Civiles fueron socavados sistemáticamente en la década de los ochenta por una cantidad de políticas económicas federales relacionadas que surgieron en Washington. Estas políticas crearon una forma híbrida de discriminación económica que buscaba revertir los adelantos logrados durante las décadas del sesenta y del setenta, fomentando deliberadamente las desigualdades excesivas de ingreso entre los estadounidenses que habían beneficiado principalmente a la sociedad opulenta en lugar de defender el bienestar económico de todos los estadounidenses.
Hoy, Estados Unidos se ha despertado de su estado de hibernación socio-económica auto-inducida, en la que las comunidades de color y nuestra sociedad en general, están enfrentando los desafíos sociales monumentales causados por las políticas de los ochentas, que fomentaban la intolerancia, la codicia y el egoísmo.
A través de las maravillas de la tecnología, busquemos lograr sinceramente y reafirmar uno de los principios Judeo-Cristianos sobre los que se fundaron los Estados Unidos y que dice: “Todos los seres humanos son creados iguales bajo los ojos de Dios”.
A medida que buscamos acelerar el amanecer de un “Nuevo Día” en los Estados Unidos, recordemos las palabras del Dr. Martin Luther King Jr., “El arco moral del universo es largo, pero al final, siempre se inclina hacia la justicia”.
La revolución digital y sus tecnologías sobresalientes, nos han provisto del “arco” para invertir el sentido de esta tendencia de desigualdad de ingresos mientras buscamos crear una sociedad justa, más ecuánime y sostenible para que todos los estadounidenses prosperen.
Esperamos con optimismo, que esta Cumbre del Empoderamiento Digital, y las otras por venir en las próximas semanas, meses y años, estimulen un gran sentido de la necesidad de nuestro uso creativo de la tecnología moderna, para ayudarnos a construir una mejor y verdadera sociedad para todos los estadounidenses.
Gracias por acompañarnos a medida que empoderamos a las comunidades a superar la brecha digital.
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